exabrupto

no lo voy a pensar demasiado. sale así, queda así. hay algunas cuestiones sobre las que me veo en la necesidad de decir algo, de compartirlo.

hace unas semanas estaba bastante seguro -casi completamente, podría decir- sobre mi voto del próximo 28 de junio; hoy no es así.

estoy cansado de escuchar barbaridades: en mi lugar de trabajo, entre la gente que conozco bien y a la que quiero, en los colectivos. no voy a quejarme de nuevo sobre los contenidos difundidos por la enorme mayoría de los medios de comunicación. hace rato que decidí leer Clarín sólo para saber cuál es el enfoque de la nueva campaña de difamación, de desinformación, de deformación, de omisión… la lectura de La Nación sigue deparándome el mismo placer retorcido de siempre. no miro televisión abierta porque sus propuestas son cada vez más penosas. decidí escuchar y ver casi exclusivamente la red pública porque es la única que me demuestra respeto tratándome como una persona digna y pensante.

de un tiempo a esta parte fui haciéndome de una idea muy incómoda, que me costaba elaborar porque me ponía en un lugar de extrema indisposición, que me desubicaba respecto de la mayoría de mis allegados, pero que, afortunadamente, no me separaba de mis referentes y afectos electivos: la mayoría de la gente con la que tengo diario contacto vive engañada. como la mayoría de estas personas son gente con educación, con acceso a la información, con recursos económicos, tengo que asumir que la mayor parte de la responsabilidad de que esto suceda no es el enorme, omnímodo y omnipresente poder que los medios de comunicación tienen en sus/nuestras vidas. todas estas personas no son engañadas: están engañadas. y la responsabilidad de su engaño no puede ser puesta en las perversas tecnologías que colonizan sus conciencias; la responsabilidad es, en cada caso, de ellos mismos. ellos quieren permanecer engañados.

“estamos peor que nunca”. “hay que sacarlos porque se llevan todo puesto”. “es para la caja”. “quieren la chavización”. gente que a lo largo de toda su vida hizo gala de no “ensuciarse” con la política, gente que no tiene la más mínima convicción o preocupación política, gente que jamás se tomó el trabajo de comprender mínimamente cómo funciona una democracia sustancial, gente que, sin tomarse cinco segundos para pensar de qué modo una empresa con una ínfima cantidad de acciones en poder de nacionales y con sede en el paraíso fiscal de Luxemburgo pueda ser argentina, repite que esto es estatización vergonzosa y violación de la soberanía nacional.

gente.

escuchar decir que estamos peor que nunca, me enardece. Insulta mi inteligencia. escuchar al energúmeno del gringuito entrerriano, con su supina estulticia y su rusticidad primal, me enferma hasta la náusea.

quiero que lo sepan: a partir de ahora voy a responder. la próxima vez que repitan, en mi presencia, estupideces que escuchan por los medios sin que medie la más mínima actividad sináptica personal, voy a responder. los voy a poner en evidencia. si es necesario, voy a estudiar estadísticas, números, datos cualitativos y cuantitativos, lo que sea.

lo incómodo era en el lugar en que mi idea me ponía frente al resto. pero, admitámoslo, tener razón sobre estas cuestiones no me convierte en un iluminado, en el portador de la verdad sino, simplemente, en una una persona medianamente inteligente que atiende a lo que otras personas más inteligentes, personas comprometidas, intelectuales y especialistas que desde hace ya mucho tiempo son para mí referentes sobre aquellas cuestiones de interés social, político y económico.

cada vez que repiten estupideces faltan el respeto a la inteligencia de muchas personas que considero respetables. decir que esas personas están confundidas, engañadas o, peor, cooptadas por el poder, es también faltarme el respeto a mí.

los intereses que representan esas ominosas figuras de la vereda de enfrente, me hace reconsiderar mi voto: tal vez, otra vez, sea necesario votar a aquellos que, sin ser perfectos referentes de mis más profundas convicciones, garantizan obstaculizar el ascenso de la derecha neoliberal más reaccionaria y troglodita que, por primera vez en mucho tiempo, quedó expuesta de la manera más obscena en cada eslabón de la corporación de medios que foguea a diario un degradante clima destituyente.

el que avisa, no traiciona.

eso. nada más.